La fase de desarrollo de la judía es un proceso fascinante que se inicia con la germinación de la semilla. Una vez sembrada en condiciones óptimas de humedad y temperatura, la semilla absorbe agua, se hincha y emerge una pequeña raíz (radícula) que ancla la planta al suelo, seguida de los cotiledones que emergen del suelo (en el caso de las judías de crecimiento epigeo) o permanecen bajo tierra (hipogeo). Estos cotiledones, que son las primeras hojas, proporcionan los nutrientes iniciales hasta que la planta desarrolla sus primeras hojas verdaderas y comienza a realizar la fotosíntesis de manera autónoma, marcando el inicio de su viaje hacia la madurez.
Posteriormente, la planta de judía entra en una etapa de crecimiento vegetativo vigoroso, desarrollando tallos, hojas y ramificaciones que le permiten capturar más luz solar y producir la energía necesaria para su desarrollo futuro. Dependiendo de la variedad, la planta puede ser de crecimiento determinado (arbustiva) o indeterminado (enredadera), requiriendo en este último caso algún tipo de soporte. Tras alcanzar un tamaño adecuado y acumular suficiente energía, la judía inicia su fase de floración, un momento crucial donde aparecen pequeñas y delicadas flores blancas, moradas o rosadas. Estas flores son polinizadas (a menudo por insectos o el viento), lo que da paso a la siguiente etapa: la formación del fruto.
Una vez polinizadas las flores, los ovarios fecundados comienzan a desarrollarse, transformándose en las características vainas de la judía. Esta etapa es la de mayor demanda de nutrientes y agua, ya que la planta invierte una gran cantidad de energía en el crecimiento y llenado de las vainas. Dentro de cada vaina, los óvulos fecundados se desarrollan en las semillas, que son las judías que consumimos o que se destinan a la reproducción. El tamaño y la forma de las vainas y semillas varían considerablemente entre las distintas variedades. Finalmente, las vainas maduran, cambiando de color y endureciéndose a medida que las semillas alcanzan su pleno desarrollo, preparándose para la cosecha o para completar su ciclo de vida y producir nuevas semillas que perpetuarán la especie.